miércoles, 22 de julio de 2009

G from Gutted / G from Guilty

G from Gutted

Cuando desperté la mañana siguiente me sorprendió encontrarme aún rodeado por los brazos de Danny, que me mantenía fuertemente agarrado contra su pecho pese a seguir dormido como un tronco. Respiraba pausadamente y una especie de paz contagiosa emanaba de él en cada inspiración. Tomé una bocanada de aire y me acomodé.

Pasaron unos segundos hasta que volví a ser consciente de mi cuerpo . Me dolía la espalda y notaba los ojos pesados e hinchados. Aún tenía el estómago revuelto y una especie de angústia me trepaba por el esófago hasta lo más profundo de los huesos. No quería quedarme allí, ni quería irme. Tenía que hacer algo, pero no se me ocurría qué.

Por la ventana entraba la luz cálida del sol de mediodía y me daba en los ojos.Danny se movió un poco y me libré de sus brazos como pude.

Toda mi ropa olía a bar, a tabaco, a alcohol y a perfume, y ahora a ese maldito after shave que tanto le gustaba a Danny; ese que olía un poco a campo, un poco a lavanda, un poco a hombre.Entonces como de la nada apareció un recuerdo -bueno, no.

No podía ser un recuerdo, tenía que ser un sueño. Imposible que fuera real. Imposible pero demasiado tentador.- y me dejé embriagar por las imágenes que aparecían a trompicones en mi mente.


No me había dormido aún cuando los brazos de mi mejor amigo me habían envuelto casi violentamente, haciéndome abandonar mi postura anterior, recostado en el sofá contra su hombro. Entonces el chico había bajado la mirada y juraría recordar haber visto una lágrima deslizábdose por su mejilla. Danny ya no parecía el mismo. Su mirada se había vuelto infantil y sus enormes ojos azules se veían ahora acuosos y dulces. Su sonrisa había abandonado su habitual gesto socarrón y se había desdibujado por completo. A la escasa luz plateada que entraba por las ventanas, mi mejor amigo se veía ahora pequeño y triste.


"Dougs" había dicho, y su voz había sonado entrecortada. "Dougs... joder." El chico había roto a llorar allí mismo, conmigo entre sus brazos. "¿Por qué, Dougs? ¿Por qué yo? Podría ser Harry. A él no le importan estas cosas. Se la sudaría, porque sabemos cómo es Hazza, ¿eh? Rudo, pero muy buen tío." Reía, pero su risa sonaba amarga. "Nunca lo entenderás, y no te culpo. ¿Qué le podrías ver tú a alguien como yo? Lo tienes todo; eres jóven, tienes éxito y dinero, y las chicas más fantásticas caen ante ti como moscas ante un plato de mierda. ¿Qué podría darte Danny Jones que no tuveiras ya? Problemas, nada más."

Había terminado su discurso aún con lágrimas en los ojos y me miraba. Notaba sus ojos del color del cielo clavados en mi. Una de sus manos me acariciaba el pelo con inesperada suavidad. Entonces sus labios me habían besado con oda la ternura del mundo, había dejado que se le escapara una última lágrima que, deslizándose por su cara había caído en mi mejilla, y se había dormido.

El recuerdo, si es que de verdad era un recuerdo y no un sueño, se volvía borroso en ese punto.

Me estremecí cuando, al girar la cabeza, me encontré de lleno con la mirada azul de mi amigo. Parecía el de siempre, solo que ahora olía a cerveza y estaba muy despeinado.

Despegó los labios para decir algo, pero el sonido de los pasos de Tom bajando la escalera de madera a trompicones hizo que los cerrara de nuevo y me mirara con aprensión.

"Eer... buenos días, chicos."
"Buenos días" contestamos, sin hacerle mucho caso.
"No tenéis ganas de trabajar hoy, ¿verdad?"Nos miramos los tres unos segundos, y Danny suspiró.
"No, la verdad" dijo, incorporándose un poco.
"Bien, perfecto, genial. Harry se ha puesto enfermo y tampoco puede grabar hoy, y como hoy os tocaba a vosotros dos..." dijo, refiriéndose a Danny y a Harry
"Igual podríamos ir a hacer algo nosotros tres."
"Bueno" dijo el chico al cabo de unos segundos "¿Pero qué podemos hacer?"

Tom sonrió.

"¡Vamos al safari, o al cine, o al parque de atracciones o algo así!"

Oí cómo resoplaba Danny, pero me pareció bien. Necesitaba distraerme un poco.

"Bien" dije.

Danny enseguida asintió y se levantó diciendo que tenía que ir a ducharse. Acto seguido, Tom tomó asiento a mi lado en el sofá y me miró con las cejas arqueadas.

"¿Qué le has hecho?"
"¿Eh?" pregunté, desconcertado.
"Oh, vamos. Odia el safari, pero cuando tú has dicho que ibas, ha asentido como un loco. ¿Qué le has hecho?"
"Nada, Tom, de verdad."


El chico rubio me miró incrédulo. Pero bueno, tampoco esperaba nada menos.

"Ayer os encontrásteis." Afirmó. "Lo sé. Danny sabía que ibas a ir a ese bar."

Entonces cerró la boca de golpe, temiendo haber dicho demasiado.

"¿Ah sí? Pues qué bien. Yo fui al bar, no encontré a nadie y me fui con Emily."

Entonces el rostro de Tom se endureció y apretó los labios hasta que formaron una fina línea blancuzca. No le había gustado eso.

"¿E-Emily? ¿La chica esa del bus?"
"Esa misma."
"¿Y la otra? cómo era, ¿Hannah?"
"Hannah es agua pasada. Me odia. Es irrecuperable."
"Bueno, como quieras, pero... No sé, no me gusta esa chica, Doug, de verdad lo digo."

Me pareció extraño. Tom no solía meterse en los asuntos de los demás.

"¿Y a mi qué me importa que no te guste? A mi sí, y eso es lo que cuenta."
"No sé, no sé. Harry me dijo que la había visto cerca del estudio antes, y que no le pintaba muy bien."

¿Harry? Maldito entrometido, tenía que ser él.

"Pues dile a Harry que se vaya a espiar a su hermanita si se aburre."

Me levanté y me fui a la ducha. No me gustaba que se fijaran en mi. No me gustaba cómo miraba Harry a las chicas con las que salía, y cómo las observaba y luego lo comentaba conmigo, como si fuera a cambiar mi manera de verlas en base a lo que él me dijera. Lo odiaba. Lo sabía, pero seguía haciéndolo. Cada chica, cada una de las chicas que me hablaban, eran sometidas antes o después al escaner-Judd, y cada vez que escaneaba a alguien acabábamos peleándonos.

Me metí en la ducha y dejé que el agua corriera un rato sobre mí antes de enjabonarme. Al otro lado de la pared podía oír a Danny cantarl, y lo pude imaginar perfectamente usando el bote de champú como micrófono. Creí poder distinguir algunos versos de Bittersweet Symphony de The Verve.


Tom había cargado el coche de comida cuando bajamos Danny y yo, ya vestidos y listos para salir. El pequeño mini azul del chico, ya por lo general abarrotado de juguetes, ropa y carátulas de CDs, estaba ahora lleno hasta arriba de bolsas y bolsas con provisiones. "Quién sabe, igual nos perdemos y no encontramos la salida y tenemos que sobrevivir una semana entre leones y bichos así", había dicho.


******************


A veces Danny creía que su vida no podía ser más miserable. Era entonces cuando, aunque pareciera imposible, pasaba algo que hacía que se sintiera aún peor.La escapada al safari no fue diferente.

El coche olía a queso, hacía calor, no soplaba ni una gota de aire, su mejor amigo no le hablaba y Tom no había parado de cantar canciones de Bananarama desde que se había subido al coche. No estaba de humor. No quería ver a nadie, pero tampoco quería perderse la oportunidad de pasar tiempo con Dougie. Tal vez había tirado la toalla, pero seguía queriéndolo para él.

Llegaron al parque y Danny vio cómo se iba formando una sonrisa infantil en la cara de su mejor amigo a medida que se acercaban más y más a las cabinas donde se venden las entradas. Casi pudo apreciar cómo se le aceleraba el pulso y respiraba agitadamente. Tom mientras tanto murmuraba algo sobre deshacerse de la caca de mono que pudiera caer encima del coche. Se arrepentía de haber cogido el suyo y no el de Harry o el de Danny.

El coche se paró junto a la pequeña cabina pintada como si fuera una serpiente y Tom bajó la ventanilla.

“Buenos días”, habló una voz dulce y cariñosa, y pude ver cómo Dougie se hundía en el asiento, helado.
“Buenos días,” contestó Tom. Unos mechones de pelo cobrizo asomaban por la ventanilla.
“¿Cuántos son?” Dougie contenía la respiración, como deseando que la vista de la chica lo pasara por alto.
“¿Dos?”
“Tres”, la corrigió Tom, señalando a su espalda. La chica vio a Dougie y su rostro se endureció también.
“Tú…” Dudó unos segundos y luego volvió a sonreír. “Dos adultos y un niño, por lo que veo.”

Lanzó a Dougie una mirada gélida, y volvió a mirar a Tom. El chico la miró inseguro. Conocía a Hannah. La había visto varias veces, pero nunca habían llegado a entablar conversación. Sabía que había visto perfectamente a Dougie sentado en el asiento de atrás y que había visto que no era un niño, pero no quería discutir con ella. Sin asentir de ninguna manera, el chico dejó un billete de cien libras en el mostrador y esperó al cambio.Se sorprendió al ver que sólo le había cobrado dos entradas.

“P-pero” empezó, pero la chica lo cortó antes de que pudiera decir nada más.
“Los menores de 5 años no pagan entrada.”

Terminó la frase y apretó el botón que abre las barreras para los coches. Tom deslizó el pie hasta el acelerador y arrancó el coche de nuevo, respirando hondo.“Joder” dijo, aún recuperándose de la situación.

“Qué dura es.”
“Bueno,” empezó Doug con una suave sonrisa dibujada en los labios. “Al menos te ha cobrado menos.”

El coche avanzó por los caminos del safari, sinuosamente dibujados entre el prado y la arena por los coches.

Poco a poco, la expresión dura y seria de Dougie desapareció y la reemplazó una más amable y divertida. El pequeño daba saltos arriba y abajo en el coche, aplastando eventualmente alguna bolsa con comida. Estaba tan emocionado que cada vez que pasaban cerca de un animal parecía que iba a saltar fuera del vehículo a tocarlo.

“Uaaah, ¡mira, Dan! ¿Has visto eso? Fuaaa, ¡qué pasada!” repetía una y otra vez.


Pasaron el día en el parque, habiendo dejado los reptiles para el final, ya que era la única parte del recinto que se recorría a pie. Habían hecho tantas fotos que a Tom le parecía que su cámara de iba a incendiar en cualquier momento.

Aparcaron el coche en una zona protegida en todas las entradas por unas anchas franjas de paso canadiense y salieron de éste acarreando un par de bolsas de comida cada uno. Tom se había vuelto a poner pesado con lo de perderse y la comida.

Danny odiaba los zoos y los safaris, y todo lo que implicara animales encerrados. No le gustaba la idea, ni le parecía correcto tener animales africanos en un lugar como Irlanda, donde la lluvia y el frío eran más que comunes. ¿Cómo esperaban los cuidadores que esos animales fueran felices si no estaban allí como en sus casas? Le parecía que debía ser igual que si le encerraran a él en una jaula donde el calor era abrasante durante el día y helaba durante la noche. No. No le gustaba.

Pero al menos estar allí hacía feliz a su mejor amigo, que parecía haberse olvidado de todo lo ocurrido la última semana. Ni siquiera haber visto a esa chica le había afectado lo más mínimo.

Ahora el pequeño corría arriba y abajo persiguiendo a una familia de lémures que se habían colado en el vallado e intentaban robarle algo de comida de las bolsas.

Entraron en el reptilario y el rostro de Dougie casi se iluminó literalmente. Se paraba delante de todos los terrarios, que habían sido detalladamente decorados con la decoración de la zona del planeta de la que procedía cada animal, leía las leyendas con detenimiento, observaba a los bichos durante unos minutos y luego les hacía fotos desde todos los ángulos posibles.

Era un sitio oscuro y las paredes estaban decoradas con pósters, fotos y siluetas que simulaban reptiles enormes. Las serpientes estaban agrupadas por continentes y descansaban en sus terrarios, mayoritariamente enroscadas sobre ellas mismas.


Al fondo de la sala había un terrario mucho más grande que los demás que simulaba una cueva en la entrada de la cual habían puesto un cristal. Frente al terrario había dos filas de bancos, y en una placa al lado de la entrada estaban escritos los horarios de comidas de las serpientes.

Dentro del terrario, dos enormes lagartos descansaban bajo una lámpara de luz rojiza.

“¡Uah, Danny, mira eso, son Dragones de Comodo!”

Uno de los animales, el más grande, que debía medir más de tres metros, caminó con una inesperada agilidad dentro de su cercado y se tumbó de nuevo, esta vez más cerca del cristal.

Dougie lo miró encantado mientras le sacaba fotos. Tom se había perdido de vista.

Entonces Danny tuvo una idea. Una idea brillante. Esta vez no podía fallar.

Dejó a su mejor amigo sentado frente al enorme terrario y siguió las flechas que llevaban a la zona de animales nocturnos. Con un poco de suerte estaría suficientemente oscuro.

La sala era algo más estrecha que la anterior, y sólo la iluminaban las pobres luces que había dentro de los terrarios y unas suaves guías luminosas de color azul oscuro puestas en el suelo. Le pareció perfecto al principio pero en cuanto se acostumbró a la pobre luz, le pareció que su plan necesitaba algo más lúgubre. Dirigió la mirada hacia el fondo de la sala y encontró el sitio perfecto.

Volvió sobre sus pasos para encontrar a su mejor amigo, que seguía felizmente mirando a los dragones de comodo, ahora enfrascados en una lucha por un trozo de pollo.

Lo cogió por el codo y lo arrastró a la sala de animales nocturnos tapándole los ojos, sin que le diera tiempo a adivinar quién se lo estaba llevando. Cruzó el lugar ante la mirada atónita de las cuatro personas que se encontraban allí y lo llevó de cabeza al pequeño cuartito desde el que los cuidadores alimentaban a los animales. Un enorme cartel ponía que no entrara nadie, que existía el peligro de morir por un mordisco de cobra o algo así, pero Danny lo ignoró. En ese momento no había cobras, ni lagartos ni dragones de comodo ni nada. Sólo estaban ellos dos.

Le destapó los ojos al pequeño estando seguro de que no veía nada. El pequeño cuartito era muy estrecho y oscuro, y la presión que había hecho sobre sus ojos no le dejarían ver nada por unos instantes.

Se acercó al cuerpo de su mejor amigo y lo apoyó suavemente contra una pared. Notaba su respiración agitada y oyó cómo despegaba los labios para hablar.

“Shht”, siseó, apoyando un dedo sobre su boca.

El pequeño le hizo caso.

Entonces, acariciándole el pelo con una mano, lo besó.Fue un beso corto, pero Danny se esforzó al máximo por transmitirle toda la ternura del mundo. Toda. Quería que su amigo viera cuánto lo quería. Quería que su Dougie se diera cuenta.Cuando se despegó de él, el pequeño respiró agitadamente, y a Danny le dio vueltas la cabeza. Quería más, pero no podía ser. No. Aquello era demasiado arriesgado.


Salió del cuartito escopetado y corrió por los pasillos del reptilario hasta dejarlo atrás. Tom lo esperaba fuera con una sonrisa en los labios. Había comprado unos peluches en la tienda, y una serpiente de trapo le colgaba de los hombros.

“¿Has visto?” dijo, feliz, “Me lo he comprado en la tienda. Se llama Hook.”
“Aha” Contestó el otro, sin ganas. Aún tenía el pulso acelerado.

Cuando Dougie salió del reptilario estaba muy rojo. Tom, sin fijarse siquiera en la cara de su amigo, le colgó una larga iguana de peluche en el cuello y se metió en el coche.Danny dudó. No sabía si debía decirle algo. ¿Habría adivinado el pequeño que quien lo había empujado hasta allí
dentro había sido él?

“Dan…” La voz de Doug sonó casi como un susurro.
“¿Hmm?” Se le aceleró el pulso, pero hizo un esfuerzo por mantener su expresión habitual.
“Tú… tú no sabes quién me ha llevado a la sala de animales nocturnos, ¿verdad?”

Danny rió, pero fue una carcajada falsa. Rezó por que el pequeño no lo hubiera notado.

“¿De qué estás hablando?”Dougie suspiró y desvió la mirada.
“No, nada”, dijo, y subió al coche.

El viaje de vuelta a casa fue muy parecido al de ida. Los chicos iban aún sentados entre bolsas y bolsas de comida que no habían necesitado para nada, y Tom volvía a cantar canciones de Bananarama, pero Danny notaba que algo había cambiado. Algo en la atmosfera del coche.

Dougie se removía en su asiento, como angustiado por algo. Entonces el chico castaño pensó que tal vez había sido todo un grave error, que no debería haber hecho eso, pero cada vez que recordaba el suave tacto de los labios de su amigo, el sentimiento de culpa desaparecía y aquella volvía a parecerle la mejor idea que había tenido nunca.

Cuando llegaron a casa descargaron el coche y segundos antes de entrar en casa, Dougie volvió a parar a Danny.

“Dan, ¿Estás seguro de que no lo sabes?”

El chico tardó un poco en responder, pero lo hizo seguo.

“Sí, Dougs, estoy seguro.”

Ambos se dirigieron al sofá en cuanto entraron, el pequeño aún con la iguana de peluche colgada del cuello. No quisieron cenar; el olor a queso del coche les había quitado el apetito, y aunque Tom había insistido mucho en que tenían que comer algo, los dos amigos decidieron ignorarlo y seguir sentados ahí, hombro con hombro, hasta que se hizo de noche.

Una vez más, el pequeño hizo amago de preguntar algo, pero desistió. Se levantó y se dirigió hacia la escalera.

“Buenas noches.”
“Buenas noches, Dougs” contestó éste. Esa noche dormiría en el sofá.

domingo, 24 de mayo de 2009


F from "Frank"


Entradas las doce de la noche Danny decidió que ya era hora de volver a casa. Lo odiaba todo. Se odiaba a sí mismo, y odiaba a su mejor amigo, y odiaba a esa chica, y a toda la gente que estaba en el pub esa noche, riendo y bebiendo mientras su plan se iba a la mierda.

Caminó calle abajo bajo la suave lluvia que empezaba a caer intentando no pensar en su Dougie, porque la idea de volver al Full Moon y dejarle claro que era un imbécil era tentadora. Muy tentadora.


Era pronto pero en la calle no quedaba gente y sólo se oían el leve chapoteo de la lluvia chocando contra las losas oscuras y el rumor del motor de algún coche a lo lejos.


Para atajar el camino hasta la parada del bus entró en un callejón resguardado de la lluvia. Entonces lo vio. Sus ojos verde mate se quedaron fijos en los suyos, y sonrió levemente.


"Tú-..." empezó, pero el chico se puso en pie y se lanzó a abrazarlo sin dejarlo terminar.

"Oh, Danny, ¡cuánto tiempo! creía que nunca volvería a verte, y vienes y apareces en mi ciudad... vaya casualidad, ¿no?"

El chico castaño pestañeó perplejo y dejó que el chico lo abrazara.


"Sí, la verdad."


Frank. Hacía mucho que no lo veía, desde aquel viaje a casa de sus abuelos que había hecho con su hermana haría ya unos cuatro años, y en aquel tiempo había crecido. Ya no tenía esa cara de niño pequeño que tanto lo acomplejaba, su espalda se había ensanchado y su voz sonaba ahora grave y rasgada. Sexy.

"Y bien, ¿qué hace aquí el gran Danny Jones?" Dejó que se notara el desdén en sus palabras.
"Estamos grabando un CD con el grupo."

"¿Otro nº1?" Danny rió mirando al suelo, y ambos empezaron a andar a paso pausado.
"Nah, no creo, aunque haremos lo que podamos."
"Ya."


Andaban sin rumbo calle abajo. Pasaron de largo la parada del bus de Danny, pero no dijo nada. Siguieron adelante, y la conversación cambió de rumbo.


"Aún me acuerdo de ti" empezó Frank.

"¿A qué te refieres?" el chico rubio rió.
"Me acuerdo de tu cuerpo. De eso."


Danny se ruborizó y miró al suelo. Su cuerpo, pues vaya visión más agradable.


"¿Qué pasa?"

"Nada, pensaba."

Danny vio cómo el chico se acercaba más a él y buscaba su mano con la punta de los dedos.


"Aha, te pones mono cuando piensas."
Se cogieron de la mano, y tenía los dedos fríos.

Frank automáticamente acarició los dedos de Danny con su pulgar, y el chico sonrió.


Llegaron a la entrada de un edificio y Danny dejó que Frank lo recostara contra la pared y lo besó. Fue un beso corto, pero suficientemente apasionado como para que el chico rubio lo devolviera, esta vez haciéndolo durar mucho rato. Al principio suave, dulce.
Luego cogió fuerza, y se abrazaron como su les fuera la vida en ello. Rodaron sobre la pared hasta que Frank se clavó el picaporte de la puerta del edificio en el costado y, tanteando la puerta con la mano que no estaba enredada en el pelo de Danny, la abrió y ambos entraron dentro.

En el ascensor el juego siguió, y Frank tuvo que contenerse para no apretar el botón de emergencia y encerrarse con Danny.
Llegaron al sexto piso y Danny respiró hondo. Tal vez esa vez iba a hacerlo. Tal vez Frank era su solución y gracias a él iba a poder olvidar a Dougie.

Vivía en un piso no muy grande con ventanales que daban a la calle.
Fuera seguía lloviendo con fuerza y casi no pasaban coches, aunque llegaba el rumor de la música de los pubs.


El chico rubio se acomodó en un sofá de color crema y le ofreció a Danny una cerveza, que aceptó sin pensárselo.
Danny y Frank se sentaban cerca el uno del otro. El primero bebía cerveza. El segundo hacía todos sus esfuerzos para hacer que el castaño se fijara en él.

Se quitó los zapatos, se recostó un poco sobre el respaldo, gimió al estirar la espalda y suspiró varias veces, pero Danny seguia en su mundo interior.
Su mente no estaba allí. Su mente estaba con Dougie. "Mierda, otra vez", pensó. De golpe, lo que le había parecido la solución perfecta le parecía un simple calentón al pie de una escalera. Confusión. Cualquier cosa menos algo capaz de apartar su mente de su mejor amigo.De su Dougie.

"¿Dan?" Frank se puso de rodillas y se acercó al chico susurrando.
"¿Huh?"
"¿En qué piensas?"

"En nada."
"No tienes esa cara cuando piensas en nada."
"Yo no pienso, soy tonto."


El rubio rió y se dejó caer sobre el castaño, que fijó sus ojos azules como el mar en los rubio tabaco de su amigo.

"¿Qué vas a decirme si lo hago?"
"¿Hacer qué?"
"Esto."

El rubio le quitó los pantalones a Danny y empezó a frotarse casi violentamente contra él. El chico cerró los ojos y una gota de sudor frío le recorrió la espalda.

"¿Qué dices?"

Danny temblaba. Una parte de él que al parecer cada vez se volvía más poderosa quería quedarse allí y tirarse a Frank, pero otra algo más inocente quería huir. No había querido que Frank lo tocara aquella vez y tampoco quería que lo hiciera ahora. No. Quería irse. Quería estar en casa bebiendo cerveza con sus amigos y viendo algo en la tele. Sin movimiento. Sin peligro.
Danny no quería sexo con cualquiera. Quería sexo con él.


"Huh..."
"Vamos, no me dirás que vuelves a estar con esa tontería."

Frank se apartó de Danny casi con violencia, y Danny balbuceó algo sin sentido.

"Joder, Danny, joder."
"¿Joder qué? ¡Joder tú! Yo no me he tirado encima de ti y me he empezado a frotar así por la cara."
"¿Cómo?"
"Bah, déjalo Frank."
"¿Que deje qué? Eres un imbécil, Danny."
"Sí, pero eso ya lo sabías, ¿no? Ya me lo dijiste la otra vez."
"Bueno, pero ahora no tienes quince años, joder."

Danny se giró de espaldas para ponerse la ropa que Frank le había quitado y salió del piso a paso ligero. No quería estar allí un minuto más.

"¡Danny!"
"No, Frank. No quiero esto."





******************

F from "Fuck"

Me sentía idiota en la pista de baile con esa chica a menos de veinte centímetros de mi cuerpo. Me movía despacio y rígido, sin poder perder de vista su mirada.

"No es lo tuyo, ¿eh?" rió.

"No, no es lo mio, la verdad" reí.


Se acercó un poco más y el pelo de los brazos se me erizó.


"¿Y si vamos a otro sitio?"


Abrí los ojos y uno de esos escalofríos que te dejan las rodillas temblando me recorrió la espalda. ¿Irnos?
Oh, vamos, idiota, contesta.

"Cl-claro, ¿dónde vamos?" Intenté que no se me viera nervioso, como si estuviera acostumbrado a esas invitaciones, pero me tembló la voz. Ella volvió a reír, atándose el pelo con una larga cinta marrón.
"¿Dónde quieres, que vayamos, tonto? Sígueme."

Como cuando me había sacado a bailar, tomó mi mano y me estiró fuera de la multitud. Despacio, haciendo coletear la falda roja sobre sus piernas perfectas.
Salimos del pub y andamos unos minutos.

No me atreví a preguntar dónde íbamos, me dejé llevar calle abajo hasta un bloque de apartamentos no muy alto, de unos siete pisos, del que abrió la puerta con una llave pequeña. Entonces me arrastró escaleras arriba y entró en una especie de desván que se abría tras una puertecita de madera pintada de azul.


"Bienvenido a mi casa." Aunque más que una casa parecía un trastero desordenado.

Corrió las cortinas y dejó que entrara la luz de la luna a través del cristal, que le dio una luz plateada a la pequeña estancia. Se soltó el pelo estirando con cuidado un extremo de la cinta color tierra y se dejó caer en un sofá morado oscuro.

Sus ojos me invitaron a sentarme.


"¿Qué te parece?"

"Oh, sí, muy cómodo," contesté.
"No, tonto, digo el piso."


Era un lugar pequeño, con ventanales muy grandes y estanterías por todo.


"¿No tiene cerradura?"

"No, aún no. La pondré algún día." La miré perplejo.

"¿Y no te da miedo que te roben?"

"¿Quién querría robar aquí? No hay más que trastos y polvo."

Calló unos segundos.

"¿Quieres tomar algo?"


Acepté, y fue una cerveza.
Cada vez me sentía mejor, más relajado, pero seguía sintiéndome a millones de años luz de distancia de esa chica.


"¿Y bien?" Se sentó un poco más cerca de mi y sonrió como sólo ella podía.

"¿eh?"
Ella volvió a reír y me besó la mejilla suavemente. Se había puesto de rodillas sobre el sofá y cada vez estaba más cerca.

"Qué bobo eres."

Entonces se acomodó de rodillas al rededor de mis piernas y me besó. No fue un beso muy largo, pero sí el más suave y dulce de mi vida. A partir de ahí todo fue a más.
Nos tumbamos y su pelo me hacía cosquillas en el pecho. Me besó los labios. Luego, despacio, fue bajando a mi mandíbula y el cuello. Se me aceleraba la respiración mientras le acariciaba la espalda con las yemas de los dedos.

Rodamos al suelo quitándonos la ropa el uno al otro y cuando quise darme cuenta estaba encima de ella sobre una alfombra color crema. Si con ropa era preciosa, sin era perfecta.

Gimió algo cuando le besé el cuello y movió las caderas para acomodarse mientras enredaba los dedos en mi pelo.

Me besó otra vez el cuello y la clavícula.

Y entonces, como en un relampagueo, los ojos azules de Danny aparecieron en mi mente. Me quedé parado unos segundos. "Desaparece, ahora no."

"¿Pasa algo?"

Entonces volvió a mi mente la mañana con Danny en casa, cuando me hice daño en la ducha. Volvió a mi mente nuestro beso imaginario, y sus ojos entornados al notar el tacto de mis dedos en su cuello.

Danny.

"Eh, no."

Danny, Danny, Danny.

"En serio, ¿qué pasa?" Se separó de mi y se incorporó un poco, apoyada sobre los codos.
"No, nada, de verdad. Me he acordado de algo."
"Oh, pues vaya."

Volvió a tumbarse debajo de mi, pero ya no era lo mismo.

Danny seguía dando vueltas en mi cabeza.

Me aparté de ella con delicadeza y me llevé una mano a la cabeza. Mierda.

"¿Estás bien? tienes mala cara."

Asentí suavemente, pero hizo una mueca. Sudaba y la cabeza me daba vueltas.

"Creo que es mejor que te acuestes." Dijo, y su voz sonó triste.
"¿Eh? no, no, mejor-"
"No. No quiero que te desmayes en mi casa así. Acuéstate o tómate algo."
"Er..."

Me levanté y me abroché los pantalones.

"Creo que voy a salir a tomar el aire."
"Bien."

No quería eso. No quería a una chica perfecta, quería a mi amigo Danny. A mi amigo idiota y lento, el que siempre me hacía reír.

Salí del pequeño piso y bajé las escaleras dando tumbos. Ese sitio me asfixiaba.



****************


F from "Fail"


Danny se frotó el pelo con la mano y dejó que el agua resbalara por su cara. Hacía frío y la lluvia seguía cayendo con violencia.

Y lo vio. Justo detrás de él, saliendo del estrecho edificio como desesperado y pálido.

"Dugs" dijo. El chico abrió mucho los ojos.
"¿Danny?" Dougie se envolvió el pecho con los brazos. "¿Qué haces aquí?"
"Er, nada, me he encontrado con un amigo. ¿Tú?"
"Algo así también."
Te la has tirado, pensó con desprecio, pero luego lo miró a los ojos y no vio ni rastro del Dougie pícaro que acababa de estar con una chica. Aquella noche Dougie era un niño asustado al que le había dado la mano una extraña mientras iba por la calle.

"¿Estás bien?"
"Sí."
"Vamos a casa, ¿vale?"

Danny era dulce, y Dougie lo sabía. Sabía que era lo mejor que le podía pasar.

"Bueno."

Caminaron juntos. Danny puso un brazo encima de los hombros del pequeño y se lo acercó un poco, lo justo para darle un poquito de calor.



Cuando llegaron a casa, todos dormían ya. Dougie se duchó. Danny, en cambio, se cambió de ropa y se sentó en el sofá con una cerveza en la mano.

"¿Quieres?" preguntó cuando el pequeño salió del baño.
"No."
"Vale." Dougie se sentó junto a él en el sofá. "Vaya día, ¿eh?"
"Sí. Estoy muy cansado."
"Duerme entonces."


Se acomodó en el sofá y apoyó la cabeza en el hombro del castaño, que contuvo la respiración por unos segundos. Tenía los ojos cerrados y respiraba pausadamente.

"¿Dougs?"
"¿hhm?"
"Nada."


Pasaron dos minutos hasta que volvieron a hablar otra vez.

"Dan-" Había abierto los ojos un poco y hablaba en voz baja.
"Dime."
"¿Qué había en el pub?"

Danny fijó la vista en la pantalla del televisor y sonrió.

"Nada."
"Bien. Buenas noches."
"Buenas noches, Dugs."

domingo, 17 de mayo de 2009

With L Like "Lover" chap. 5



E from "Emily"


Hanna colgó el teléfono tras vomitar un largo discurso muy premeditado y ensayado al otro lado del hilo telefónico. Habló rápido, sin dejar vacío un solo silencio, escupiendo con rabia todo lo que sentía. Me hubiera gustado poder contestar alguna de sus quejas o alguno de sus insultos –que eran, desde mi punto de vista, exageradísimos-, pero preferí dejar que se desahogara. Por un momento olvidé el carácter de Hanna e imaginé que después de los cuatro minutos y medio seguidos de igritos me daría a mí unos segundos de margen para decir algo, pero lo dicho, había olvidado el carácter de Hanna.
Colgó el teléfono incluso antes de acabar la última frase, que se quedó en un “¡ERES UN BASTARDO HIJO DE P-…” (aunque imaginé el final sin ningún problema.)

El resto del día pasó como todos los días desde que habíamos llegado allí; despacio.
Danny hacía sus bromas, Tom reía aunque no le hicieran gracia y Harry se metía con ellas para hacer que se enfadara. Entonces Danny, como no entendía el humor de Harry, se quedaba roto y callado hasta que se le ocurría alguna otra ‘genialidad’.
¿Y yo? Yo miraba cómo se divertían.
No estaba de humor para unirme a las risas de los chicos.

A la tarde salí del estudio un rato después que los demás. No tenía hambre, así que me subí al bus sin pararme a comer nada.
Me volví a sentar en el asiento de aquella mañana casi por inercia. Imaginé que volvían a ser lar diez de la mañana y que la tal Emily estaba sentada en el asiento de delante a la derecha, con su camiseta ancha y su pelo castaño rozándole suavemente la espalda. Incluso cerré mis ojos para ver si aparecía, pero cuando los volví a abrir, el reloj del bus seguía marcando las seis y dieciocho de la tarde.

Apoyé la cabeza en el frío cristal ligeramente escarchado. ¿Qué quería Danny que hiciera el pasajero entonces en el bus? ”Tengo que encontrar un sobre”, me dije, y empecé a buscar.

Ni debajo del asiento, ni en el portaequipajes, ni en el pasillo, ni en el suelo, ni en el techo… nada. Sólo me quedaba probar una cosa.

Me levanté y lancé una mirada rápida al conductor, que, como era de esperar, estaba centrado en la carretera. No había nadie en el bus. Era un buen momento para hacerlo.
Agarré ambos lados del cojín del asiento y estiré con fuerza. El asiento se levantó a la primera, dejando a la vista un reluciente sobre blanco en el que habían escrito la palabra “Pasajero”.

Coloqué el asiento tras coger el sobre y me senté otra vez mientras miraba el sobre, dudando. ¿Debía abrirlo?
Ese juego no podía traerme más que problemas.

Suspiré y arranqué la solapa mal pegada del sobre. En su interior no había más que un papel con un par de instrucciones garabateadas con un lápiz –Full Moon; 23’00, vístete de negro- y el dibujo de una jarra de cerveza. “Estúpido”, pensé, refiriéndome a Danny, y guardé el sobre en uno de mis bolsillos.
El bus había llegado a mi parada.

* * * *




Las once de la noche llegaron antes de lo que esperaba. Me había vestido de negro y esperaba en la puerta del Full Moon. A decir verdad, no sabía qué hacía allí, pero ya que estaba…

El full moon era un pub que abría hasta las cinco de la mañana, y luego volvía a abrir pronto por la mañana. Era un lugar entre oscuro y luminoso, como una cueva con antorchas moderna. Sus paredes de piedra estaban decoradas con portadas de vinilos de los Who, Led Zeppelin y Nick Drake y se había convertido en nuestro pub preferido desde que habíamos llegado a aquél lugar.
En esa noche de martes, el pub estaba más lleno de lo que había imaginado que estaría. Casi no había sitio para sentarse, y gente bailando se arremolinaba en el centro de la pequeña pista iluminada por destellos de luces de colores.

“¿Qué vas a tomar?”, Una voz dulce y familiar me llamó desde el otro lado de la bara
“¿Eh? Pues…” Sonreía, y su mirada parda relucía entre la penumbra de la barra “Vaya, hola”
“Hola” contestó. Su sonrisa casi canina seguía tentándome.
“Pues una cerveza”
“Está bien.”

Asintió y se perdió entre las sombras de la barra para aparecer al cabo de pocos segundos con una jarra congelada de cerveza.
Pensé que tal vez una jarra era demasiada cerveza para empezar una noche de martes, pero decidí no decirle nada. Mejor pagar eso que pagar muchas veces el precio de una pequeña.

Emily volvió con mi cerveza al cabo de muy poco y me la sirvió con una sonrisa. Su sonrisa. Mentiría si dijera que no me había enamorado de esa sonrisa desde el primer momento. Era simplemente perfecta.

“Bien,” empezó, “¿Qué haces aquí?
“Oh, he quedado, creo”
“¿una cita?”
“¡Oh, no, no! De ninguna manera.” Rió por lo bajo y me miró a los ojos. Me sentía hipnotizado. Completamente hipnotizado.
“Bien. Entonces no te importará que te invite, ¿verdad?”
“¿Eh?”, Doug, la cara de idiota, la cara de idiota…
“¿No serás de esos que no dejan pagar a la chica?” arqueó una ceja perfecta y esbozó una sonrisa torcida. Bajo la luz tenue del pub su pelo relucía más rojizo que nunca.
“¿eh? Ah.. ¡no, no! Para nada.” Doug, vamos, contraataca, le interesas
“Bien.” Bebí unos largos tragos de cerveza.

Suspiré cuando se dio la vuelta y aproveché que no me veía para mirarla. Bueno, más que mirarla, escanearla. Era simplemente perfecta.
Emily debía tener unos dieciocho o diecinueve años, y no sé cómo, irradiaba vida por todos lados. El simple hecho de verla me había puesto de buen humor. Además, no era sólo guapa, era guapísima. No diré que era algo exótica, pero tenía toques que hacían que pareciera de otro planeta.
El brillo de su pelo, o el color de sus ojos, o el tono pálido de su piel, o su sonrisa hipnotizante… algo que me volvía loco.

“Bueno, entonces no te importará que te invite a bailar, ¿verdad?”
“¿Eh?”, me miró sorprendida. No esperaba mi invitación
“Oh, ¿no serás de esas que no dejan invitar al baile al chico?”
“¿Qué?” Rió, y su carcajada aterciopelada chocó contra mis tímpanos haciendo que se me erizara el pelo de los brazos.

Entonces, antes de lo que esperaba, salió de detrás de la barra después de intercambiar una fugaz mirada con Joe, el dueño del pub, que observaba risueño la escena, y se plantó a mi lado. Debía ser más o menos unos diez centímetros más baja que yo.

“¿Y bien?”

Cogió con ambas manos la punta de mis dedos y me llevó hasta la pista. Andaba con la gracia de una bailarina, y al compás de sus pasos coleteaba una no muy larga falda de color rojo cereza.
La miré sonriendo. No podía creer que fuera a bailar con una chica así. No podía creerlo.

El resto de la noche pasó muy deprisa. Bailé, bebí, bailé y volví a beber. Emily era fantástica, y me alegraba mucho de haber empezado ese maldito juego de rol.

El juego de rol...

¿Qué tendría que haber encontrado en el pub? No me importó demasiado. Lo pensé un par de veces, pero no lo llegué a considerar nada importante.

---


Danny llevaba meses planeando aquella partida de rol. Su plan era perfecto. No podía fallar nada. Sabía que él bebería, y que cuando estuviera borracho sería mucho más fácil decirle lo que quería decirle. Por eso había esperado tanto cubriéndole las espaldas a su mejor amigo, estando lo más cerca de él posible, cuidando de él para no perderle. Quería que su querido Dougs lo tuviera presente, que supiera que estaba allí siempre y para todo.
Por eso había planeado esa cita. Por eso lo había hecho vestirse de negro; porque el pequeño Dougs no parecía tan pequeño vestido de negro, porque de oscuro estaba
más sexy.
Se sentó en el fondo del local a las once y pidió una cerveza a la nueva camarera, que lo miraba risueña. Su sonrisa y su mirada de color dudoso había conseguido poner a Danny muy nervioso. Demasiado.

“¿Qué me pasa?” Se había preguntado, al encontrarse a sí mismo insultándola interiormente cada vez que la veía.

Cuando él entró en el local se le disparó el corazón, pero tenía que controlarse. Sabía que no iba a tardar mucho en empezar a beber, y entonces todo sería más fácil. Por eso sonrió al ver que le pedía a la chica de los ojos raros una cerveza, y que ella le daba una jarra.

Pasaron unos minutos durante los cuales Doug siguió bebiendo y hablando con la chica de la barra. No le gustaba que hablara con ella, pero Dougs era así; le gustaban las chicas, y no todas. No, no. Le gustaban
esas chicas. Las que tal vez no eran perfectas, pero tenían un “algo” que lo volvían loco. Y eso Danny lo sabía bien. Había habido muchas chicas. Muchas “Hannas” y “Emilyes”, o como se llamara esa chica del bus. Cada par de meses había una nueva. Y todas tenían ese “algo”.

Se volvía loco por ellas. Y él siempre había estado allí para Doug. Cuando empezaban a salir, cuando no se le veía el pelo por casa, cuando rompían y cuando conocía a una chica nueva.
Danny sabía que más doloroso que no poder conseguir a alguien porque está muy lejos es saber que lo tienes a escasos centímetros y se te escapa.
Y nunca podrás tenerlo.

Esa cita preparada era una prueba. El juego de rol sólo había sido un truco.

Doug se levantó, y Danny creyó que ya era el momento de ir a hablar con él.
Pero se quedó de piedra en su sitio. Todos los músculos de su cuerpo se tensaron en una mueca de horror, y estaba convencido de que su cara no demostraba alegría precisamente.

Vio como los dos andaban hasta la pista de baile y bailaban. Lo tenía hipnotizado.

Danny rió al darse cuenta de lo ingenuo que había sido y salió del bar.
Definitivamente había sido mala idea.

With L Like "Lover" chap. 4



D from "Date"



Cuando bajé a la cocina el desayuno estaba servido. Eran las nueve, así que calculé que la leche llevaría en ese vaso unas dos horas –desde que Tom se había ido de casa-. Me la bebí de un trago y me metí en la ducha.

“Hoy no me haces lo de ayer”, le dije, y dejé que el agua cayera encima de mí lo más fría posible. Mi mente llevaba jugando conmigo varios días y por su culpa había perdido ya a Hanna. No quería ahora perder también a Danny.

La hora que me había dado de margen pasó rápido, y en menos tiempo del que esperaba estaba en la parada del autobús con la notita que me había tocado en la mano.

El bus iba casi vacío. Sólo estábamos una señora gorda, una chica castaña, dos hombres, un pequeño grupo de amigas y yo. Miré a la chica, casi seguro de que era ella la persona con la que me tenía que encontrar en el juego. No podía ser otra persona, pero ¿cómo podía estar seguro?

La chica me miraba de reojo desde su asiento, en diagonal al mío. Mechones largos de pelo rizado y oscuro caían suave y desordenadamente sobre su espalda, que medio asomaba bajo una camiseta demasiado grande.

“Si Danny ha pensado lo de sentarnos en diagonal, es idiota del todo.”
Sonreí al imaginármelo planeando todos los encuentros entre la gente. “Bueno… no ha debido ser fácil.”

A ambos lados del bus aparecían interminables campos verdes poblados por ovejas, caballos y algunas vacas. Tal vez esa fuera la mejor parte de ese lugar, aunque siempre había preferido el mar.

Seguí mirando a la chica desde mi asiento. Un par de veces pensé en decirle algo, pero ¿qué pasaría si no era ella? Quedaría como un imbécil.

Tenía la piel de gallina por culpa del aire acondicionado. Las mejillas rojas, las pestañas largas y los ojos pardos. Me recordaba mucho a Hanna, aunque no sabría decir por qué.
Se giró y aparté la mirada deprisa, disimulando. No dijo nada aunque sabía que me había visto. Estaba claro que me había visto.

Tomé una bocanada de aire y me acerqué a la chica. No sabía bien qué le iba a decir, pero me acerqué de todos modos.

-Hola – saludé
“Hola” me miró extrañada. Mierda, te has equivocado, imbécil…
“Eh… huh…” dejé que pasaran unos segundos. “¿Tienes hora?”
“¿Eh? ¡ah, sí!”

La chica de ojos pardos sacó de una bolsa no muy grande un móvil de color celeste y me dijo la hora – las diez y media- sonriente.
Me quedé mirándola embobado. Tal vez por eso me recordaba a Hanna.

“Perdona, ¿te conozco de algo?” preguntó, refugiándose del sol con una mano
“Eh… no, no lo creo, pero tenemos una cita, ¿no?” ”¡¿CÓMO LE DICES ESO?!

La chica rió y arqueó una ceja

“¿Ah sí?”
“Sí, ¿no? Ya sabes, las notas y eso…” volvió a reír.
“Ah, sí. Tienes razón. Bueno, mi parada es la siguiente. Tengo que bajarme aquí, así que lo siento, pero ya nos veremos otro día.”
“Claro, otro día.”

La chica castaña se levantó. Vestía una falda no muy larga y una camiseta roja muy ancha en los hombros, pero estrecha en la parte del vientre, y se movía con gracia.

“Esto.. ¿cómo te llamas?” pregunté antes de que bajara
“Emily” contestó, riendo, y bajó del bus de un salto.


Su nombre resonó en mi cabeza durante unos instantes.
Danny me había conseguido una cita. Sí señor, una cita tres días después de haber dejado a mi novia. Y lo mejor de todo; la chica era guapísima.

El bus llegó a mi parada. Aún me quedaban diez minutos andando ahasta llegar al estudio, pero se me hicieron cortos. Estaba contento.

Cuando finalmente llegué, Tom y Danny estaban grabando un set de voces para una canción nueva. Me vieron llegar y ambos saludaron con la mano.
Les devolví el saludo y esperé a que terminaran.

El set fue corto; por suerte sólo grababan un estribillo y llevaban rato intentándolo cuando yo llegué. Cuando terminaron, Danny cogió su vaso gigante de Starbucks de café con hielo y salió.

“Hola, Dougs”
“¡Hola, Dan!”
“Te veo contento, ¿te ha gustado tu parte del juego?”
“Sí, ya ves, tío, ¡gracias! La chica del bus era estupenda!”

Danny hizo una mueca

“¿Qué pasa?” pregunté. No me olía nada bien.
“Dougs... ¿qué chica?”
¿cómo?

“No es gracioso, Danny, ¡Emily!, ¡la chica de ojos pardos del bus!”
”No sé de quién me hablas por mucho que alces la voz, Dougs. ”
“Pero entonces, lo que le he dicho…”
“Parece que pronto dejarás de estar solo… otra vez.” Sonrió y se volvió a meter en el box a grabar.

“¡Doug!” la voz de Harry me llamó la atención desde la entrada del estudio. “Tienes una llamada.”

Me acerqué al teléfono y lo descolgué cuando Harry desapareció, perdiéndose entre los pasillos del estudio.

“¿Sí?” Después de abordarle a una pobre chica en el bus sin motivo, se me habían ido las ganas de hablar.

Al otro lado del hilo telefónico alguien sollozaba. Supe enseguida quién era.

“¡¿Hanna?!... cálmate. ¿qué pasa?...

domingo, 13 de abril de 2008

With L like "Lover" chap. 3


C from "Chance Game"




Cuando Danny me trajo la ropa, yo ya me había sentado en el sofá y tapaba con todas las toallas la única parte de mi cuerpo que no dejaría que Danny viera por nada del mundo (y eso que haciendo el imbécil nos desnudábamos a menudo). Las toallas me asfixiaban. En esa casa siempre hacía calor por culpa de Tom, que no soportaba llegar a casa y encontrar la calefacción apagada.
Por suerte, vivimos poco tiempo en esa casa (comparado con el que vivimos en otras casas), y no tuve que soportar el calor seco y permanente durante mucho tiempo.

Me puse la ropa deprisa, mientras Danny estaba girado de espaldas tecleando algo en su móvil (supongo que un mensaje para Tom o Harry). Si se hubiera girado y me hubiera visto vistiéndome, seguramente toda la sangre de todo mi cuerpo hubiera subido a mi cabeza, me hubiera mareado y hubiera perdido la capacidad de hablar durante unos minutos por la simple razón de pensar en Danny mirándome medio desnudo (¡y mira que me había visto veces!).
Me ruboricé sólo de imaginármelo.

Doug, definitivamente te has vuelto tonto. Aquí no hay nadie interesado en verte desnudo.
Pero convencerte de esas cosas no resulta fácil si estás en una situación como aquella, con alguien como Danny y una imaginación que, aburrida, crea cosas absurdas para confundirte.


Cuando me hube vestido, Danny se sentó a mi lado en el sofá y puso la tele.
Fue un rato un tanto molesto, porque nos quedamos en silencio, esperando que alguno de los dos dijera algo, (o al menos yo esperaba que a Danny se le ocurriera hablar.) aunque fuera, que dijera una tontería, para tener una conversación de ascensor...
hasta pude imaginarla.

-Doug, hace buen día, verdad? - sonreía
-Sí... muy soleado.
-Es verdad. - Se levantaba y un sol radiante incidía en su pelo castaño reflejándose en él.
-Pero dicen que viene lluvia
-Ya sabes... en Irlanda siempre llueve-. Sus ojos azules parecían un mar embravecido por el tono oscuro que habían tomado. Azul casi marino, brillante, revuelto...
-Sí...
-¿Qué dan en la tele? - se volvía a sentar a mi lado y pasaba el brazo por el respaldo del sofá
-Nada... documentales y dibujos...


Y como siempre, mi mente jugó en mi contra.

-Doug...
-¿Sí?
-Esto... - estaba muy cerca. Demasiado. Podía notar su aliento golpear suavemente mi frente, revolviéndome el flequillo.
-¿Hmm? - más cerca, más y más. Mi corazón se disparaba. Daba brincos dentro de mi pecho, amenazando con salirse de su sitio.

Se acercaba más y más. Ya sólo unos centímetros lo separaban de mi. Se movía en el sofá, acercándose, y usaba sus brazos para rodearme lentamente. No tenía escapatoria. Y cada vez estaba más y más cerca.
Hasta que al fin me besó.
Mi mente relampagueó. Creo que sufrí un apagón de milésimas de segundo. Notaba el sabor de Danny, su olor... cerraba los ojos. Entonces mi cabeza empezaba a dar vuetlas. Mi corazón iba a un ritmo exagerada y ridículamente rápido... me dejaba envolver por sus brazos. Me acariciaba. Sólo me faltaba ronronear.


Me di cuenta de que mi imaginación había ido demasiado lejos cuando ya era tarde y Danny se había dado cuenta ya de mi cara de pánfilo embobado. Me avergoncé de mis pensamientos. ¿Cómo había podido imaginar tantas cosas tan claramente, y en tan poco tiempo?

La puerta de la entrada se abrió bruscamente antes de que Danny tuviera tiempo de preguntar nada y Tom y Harry entraron atropelladamente a la casa, sudando.

-¡¿QUÉ PASA?!- Gritó Tom desde la entrada. Danny y yo giramos la cabeza hacia ellos de inmediato - !¿DOUG?!

Tom corrió hasta el sofá tan deprisa que creí que se iba a pasar de largo y que acabaría estampado contra una pared, pero se agarró al respaldo del sofá justo a tiempo.

-Tom, ¿estás bien? – preguntó Danny
-¿Cómo que si estoy bien, imbécil? – abría tanto los ojos que creí que se le saldrían – joder, tío, me has llamado dieciséis veces seguidas, sin dejar sonar ni el segundo tono. Luego me has mandado un mensaje que decía que Doug estaba mal. ¿Qué ha pasado? – me miraba atónito.
-Nada, Tom, un accidente – contesté. La pose de Tom se relajó un poco
-¿Pero nada grave?
-Nada grave. – aseguré
-Está bien… bueno… pues nada…

Tom se alejó y se metió en su habitación. Supuse de inmediato que a Danny le iba a caer una buena cuando estuviera a solas con Tom, porque lo había hecho salir del estudio de grabación corriendo para nada.

Danny también se levantó y se fue a su habitación. Pude oír cómo encendía el ordenador.
Harry, por su parte, se encerró en la cocina e hizo lo de siempre; fingir que cocinaba durante una hora, aproximadamente, y luego llamar a un restaurante para que trajeran la comida hecha. Cuando llegaba, se deshacía de cualquier prueba de la existencia de las cajas de comida y la servía en platos, no sin antes ensuciar los cacharros. Lo único que ganaba haciendo eso era que Danny lo insultara y lo retara a un concurso de cocina (que nunca se llegaba a hacer) y que Tom lo mirara raro y comiera oliendo cada mordisco para asegurarse de que no había nada contaminado en su plato.

El resto del día pasó demasiado lento. Danny se había enganchado a uno de sus foros preferidos (uno de esos en los que las fans escriben historias sobre sus grupos preferidos y el resto de la gente las comenta) y subió de nuevo a su habitación después de comer.
A la tarde, Tom se volvió a ir al estudio con Harry y volvieron con cena para los cuatro más o menos a las siete de la tarde. Danny bajó un rato más tarde, justo cuando la cena se acababa de de calentar.
Llevaba unas hojas impresas en la mano y sonreía demasiado como para ser una simple historia de una fan adolescente que había intentado desesperadamente cumplir su más enorme utopía emparejándose con uno de nosotros en su relato de la manera más extraña u "original" posible.

-¿Qué es eso? - preguntó Tom mientras colocaba los tenedores en el centro de la mesa. Danny sonrió más ampliamente
-Es una historia
-¿Y por qué te la imprimes?
-Porque me ha parecido interesante…
-Danny, dijimos que nada de imprimir historias de fans para leérnoslas. Además, no quiero leer otra en la que me emparejen con Ha… - empezó
-Lo sé, lo sé, ¡pero ésta es diferente!
-¿Cómo que diferente? – Harry se añadió a la conversación sentándose en la mesa y colocando las servilletas sobre los tenedores
-Veréis… Una tal “Dreamer” ha escrito una historia diferente… la historia va transcurriendo según lo que hacemos nosotros en la vida real…
-Ya… como todas, Danny, si te cortas el pelo, llevas el pelo corto en sus historias. Si dices que te mudas, en las historias te mudas también…
-No! Nada de eso, Harry… cómo explicarlo… la historia se llama ‘Chance Game’.
- ¿y?
-¡Déjame terminar, Doug!... mira, cada capítulo empieza con una palabra que empieza con una letra diferente, siguiendo un órden alfabético, y cada capítulo es como un juego de rol. - Danny nunca supo explicarse-. Desde que estamos aquí, Tom está colgando blogs cada día contando un poco lo que hemos hecho, y esta chica se basa en eso para seguir la historia.
-Qué siniestro – dijo Harry, empezando a devorar su plato – es como si controlara nuestras vidas.
-Cierto – coincidió Tom
-¿Y qué tiene eso de fantástico? A mi me parece enfermizo…
-¡Doug! ¿No has oído bien? su historia depende de nosotros. ¡Si a mi se me ocurre hacer ahora algo desesperadamente estúpido, la historia dará un vuelco!
-¿Y? – Tom miraba a Danny como si éste se hubiera vuelto tonto del todo.
- de nada, pero me ha hecho gracia, además, tengo una idea.
-¿Qué se te ha ocurrido? – Tom se atrevió a hablar, aunque sabía que no tenía ningunas ganas de saber qué se le había ocurrido
-¿Qué os parecería empezar un juego de rol? Sí, ¿no? De esos en los que puede pasar cualquier cosa… – ¡¿un qué?! ¡NO!
-¿Lo dices en serio? – a Harry se le encendió la mirada
-¡Claro! Harry, hagámoslo ahora. Llama a algunas chicas.
-por fin – murmuró, y se fue hacia el teléfono.

Tom y yo nos miramos. No sé si pedíamos socorro, o buscábamos en la mirada del otro el lugar idóneo para escaparnos de la idea de Danny. Por dios… ¿un juego de rol? ¿de esos en los que puede pasar cualquier cosa? Ni hablar… ni hablar.

Pero al cabo de un par de horas, Danny y Harry habían llenado la pequeña casa de gente y estaban repartiendo los papeles.
Llegó mi turno.

Cogí mi papel de una bolsa que me extendió Danny.

Sólo había una palabra garabateada por Harry en una cara, y en la otra ponía el lugar al que tenía que ir para cumplir con mi papel. Me quedé mirándola. Por un segundo, me sentí mínimamente afortunado… al menos, no me había tocado un papel que pareciera demasiado protagonista, ni algún personaje que se llamara algo así como "Waldorff, el guardian de las tinieblas, mago oscuro nivel 23"...

Lo leí tres veces.

“Pasajero”

giré la hoja.

Autobús nº6, ruta hacia el estudio. Último asiento a la derecha.


En fin... allí estaría.